Mussolini y Hitler marchan Fuente: Wikimedia Commons

Sobre la creciente polarización de la sociedad

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¿Qué hacer?

¿Qué hacer? Nos preguntamos cuando vemos la injusticia frente a nuestros ojos. Clara como el día cegador y tenebrosa como las cloacas más sórdidas. ¿Qué hacer cuando el criminal, el injusto, el ladrón… el pérfido… es también el impune? ¿Y qué hacer cuando poco a poco se busca anular la voz, lo distinto, la pureza de la verdad… a través de pequeños gestos que cada vez se hacen más grandes? ¿Qué hacer cuando hay más hogares vacíos que gente sin hogar? ¿Qué hacer cuando el dinero robado con desfachatez y orgullo se ostenta en frente de aquellos a quienes se le ha arrebatado? ¿Qué hacer si nadie habla? ¿Qué hacer si nadie dice nada? Si la comodidad y el conformismo se instauran. Así como se instaura también la confianza excesiva en que habrá un límite a la escalada continua hacia la tiranización de los derechos, la parcialidad judicial, el amiguismo… y las demás tendencias que conducen, conducirán y ya antes en la historia cercana han conducido en el mundo entero y especialmente en Europa al surgimiento de los fanatismos/radicalismos/fascismos.

Partidos fascistas, racistas, xenófobos inundan nuestros países vecinos.

Cada mes en Europa avanzamos más hacia el surgimiento de partidos de ideología extrema. Partidos fascistas, racistas, xenófobos inundan nuestros países vecinos. Caen uno a uno los Estados en lo que el propio Matteo Salvini ha calificado de “revolución del sentido común”.. Los nacionalismos de todo tipo se expanden de nuevo, también aquí. Y con ellos la radicalización. El odio sin más de unos y otros. ¿Y para qué? ¿Para quién? ¿En nombre de qué intento de oligarca distinto? Aquellos que lo ven y se dan cuenta callan, mientras la desesperación de las personas es utilizada en favor de unos pocos y en pro del odio.

Es tan culpable quien comete una acción como quien la ve venir y no dice nada.

Como sociedad, debemos buscar siempre el progreso, no el estancamiento, y mucho menos el retroceso. Es tan culpable quien comete una acción como quien la ve venir y no dice nada. Así que, ante la pregunta de qué hacer, yo decido hablar. Alzar la voz y dirigirme a vosotros aquí, en este espacio. Todos, y digo Todos… somos responsables de nuestra sociedad. Su presente y su futuro. Por tanto, todos y cada uno de nosotros debemos hacer aquello que sea necesario por la igualdad, la libertad y la hermandad entre las personas de este mundo en el que vivimos. Es el momento de empezar.

Caer en el discurso de la “patria” recuerda preocupantemente a tendencias políticas agresivas y ultranacionalistas. La única patria real es la patria humana. Hay una cierta tendencia a la extrema politización de la sociedad que es llevada a cabo muy a conciencia, jugando con los elementos más primarios del ser humano y su primigenia sensación de pertenencia a una u otra “tribu”. De esta manera se odia a aquellos que son del partido político opuesto, de “ideología” diferente, de “familia contraria”, por así decirlo. Y la violencia escala primero en la mente y luego en los hechos.

Que no se sorprendan los que juegan con esto, con la finalidad de crecer en el caos, cuando sus ostentaciones de violencia y amenazas sin intención real (según ellos) acaben por estallar y provocar problemas mayores.

Digo, recuerdo y recalco que lo fundamental en las relaciones entre personas: vecinos, amigos, compañeros de trabajo, universidad, escuela… no es ser como el perro que defiende a su “amo” aún a costa de sí mismo (¿acaso os da hogar, comida, felicidad real ese amo? ¿vale tanto ese amo? ¿o simplemente azuza para que peleéis como buenas fieras, enriqueciendo de paso su bolsillo y el de sus amigos si es posible?), sino como personas con conciencia, pensamiento y razón que sois.

No sorprende en absoluto

Sólo recordando que valéis más que un voto, una cuantía, un número en una estadística y que vuestra humanidad es demasiado preciada como para venderla a cambio de nada (porque no recibís nada a pesar de que perdéis mucho) seréis libres de no caer en las garras del fanatismo (consciente o inconsciente).

Dicen algunos que “sorprende el regreso de los nacionalismos, radicalizaciones, odios” en Europa y en el mundo entero.

No sorprende en absoluto. No…

¿Qué esperáis cuándo plantáis una semilla, la regáis y crece el tallo? ¿Qué no haya flor? ¿Tal vez que se seque cuando deje de interesaros?

Mediante la educación, la cultura y el discurso es imperante hacer hincapié en los valores humanos, la solidaridad y el concepto de personas antes que ideologías.

espero no oír de quienes ahora claman por más, gritos de sorpresa

Si la escalada de fanatismo, nacionalismos (de uno u otro corte) y radicalización política sigue, espero no oír de quienes ahora claman por más, gritos de sorpresa.

Si azuzas a los perros rabiosos, estos atacan, tarde o temprano.

Esperemos que no llegue…

Pero tal vez un día solo queden los perros y dos personas que sepan qué sucede, pero no tengan a nadie a quien decírselo.

Si sois personas, actuad como tal, y demostrad humanidad. Ante la polarización de la sociedad, la radicalización y el partidismo, decidid qué importa más.

Daniel Rabal Davidov

Daniel Rabal Davidov (Madrid, 1998) es escritor, poeta y músico, entre otras cosas. A sus 20 años ya ha publicado tres libros: dos novelas (“Las Brillantes Luces de la Ciudad”, Amargord Ediciones 2016 y “CUERVOS”, Amargord Ediciones 2018) y un poemario (“Cánticos Revolucionarios”, Amargord Ediciones, 2017). Es compositor, cantante y guitarrista de “Wild Rain” y estudiante del Grado en Lenguas Modernas y sus Literaturas en la Universidad Complutense de Madrid. Es editor de la sección en español de Katoikos.eu y también edita la revista de creación literaria “La Disidencia Cultural”. Habla 5 idiomas y escribe en dos: español e inglés. Su motor es lograr un avance en la sociedad a través del arte, la cultura y el sentimiento.

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